viernes, 7 de noviembre de 2014

La trascendencia en el tiempo de las empresas

Hasta enero de 2006, la empresa Kongo Gumi era reconocida como la más antigua en el mundo. Se dedicaba a la construcción de templos budistas en Japón. Sin embargo, después de 1428 años de operación, esta se convirtió en una subsidiaria de otra empresa de construcción llamada Takamatsu.
Por ello, al momento, la empresa más antigua (es decir, que ha mantenido operaciones continuas y de manera independiente por más tiempo) es un hotel también ubicado en Japón, llamado Nishiyama Onsen Keiunkan, que nació en el año 705. Es asombroso pensar que estas empresas ya tenían varios años de operación cuando Colón descubrió América, por citar un evento histórico relevante.
No es coincidencia que las dos empresas que en los últimos dos años se ubicaran en el país nipón. De hecho, la mayoría de empresas antiguas se ubican en los lugares que ahora conocemos como Japón, Alemania, Austria, Reino Unido e Italia.
Considerando estos datos, es válido preguntar: ¿por qué reflexionar sobre la trascendencia en el tiempo de las empresas?
En principio, es increíble que las empresas se convierten en el legado de las personas visionarias. De hecho, resulta difícil dimensionar el tiempo de trascendencia de las empresas mencionadas y observar cómo las generaciones actuales se benefician de los emprendimientos de sus antepasados.
Justamente, desde un punto de vista normativo, la sobrevivencia de las empresas depende de la correcta administración de la misma por parte de los sucesores, del clima de negocios y la competitividad de la empresa. Sin embargo, la realidad también muestra que algunos negocios basan su estrategia de sobrevivencia en privilegios o prácticas de competencia desleal.
Todo esto ocasiona que, en Guatemala, varios emprendimientos que no sobrevivan mucho tiempo. Por ejemplo, los datos del Global Entrepreneurship Monitor indican que Guatemala es uno de los países con las tasas más altas de emprendimientos tempranos a nivel global. Sin embargo, sólo una pequeña parte de las nuevas empresas logra superar los 3.5 años necesarios para consolidarse en el mercado. Esto se debe muy probablemente a que los emprendimientos recientes son mucho más sensibles a los cambios en las condiciones económicas que las empresas más antiguas.
Por otro lado, la edad de la empresa también es un factor determinante del comportamiento y estrategias corporativas. Por ejemplo, para el caso de las empresas españolas, Javier Sánchez Vidal y Juan Francisco Martín-Ugedo (2008) detectaron dos tendencias que podrían aplicar para el caso guatemalteco:
1. La primera que mencionan es que a mayor edad de la empresa, mayor es la presencia de fondos propios para su operación. Esto es por que las empresas tienen una capacidad mayor de acumular beneficios y depender menos de otras fuentes de financiamiento como el crédito.
2. La segunda se refiera a que el riesgo asumido por las empresas disminuye con el tiempo. Es decir, las empresas jóvenes tienden a realizar acciones más riesgosas mientras que las empresas con mayor trayectoria tienden a acomodarse a una situación más estable.
En relación a este último punto, otros autores también agregan que las empresas más antiguas son más resistentes al cambio y a la puesta en marcha de acciones innovadoras.
Por ello, si su negocio tiene más de dieciséis años, puede decir que ha superado la edad mediana de una empresa guatemalteca. Esto podría indicar que va en el camino correcto para asegurar su trascendencia en el tiempo pero también debe ser un motivo para evaluar si las operaciones de su empresa son dinámicas y virtuosas, o si se está estancando.
Este artículo se publicó en la Revista PERSPECTIVA, disponible en:
http://www.perspectiva.com.gt/la-trascendencia-en-el-tiempo-de-las-empresas/

jueves, 16 de octubre de 2014

Implicaciones de la mujer en el mundo laboral

Usualmente hay un punto ausente en la discusión sobre las implicaciones de la incorporación de la mujer en el mercado laboral y cuyo interés atañe a todos. Este se refiere al impacto que podría tener la inserción laboral de las mujeres en la iniquidad de la riqueza.

Para explicar este punto, empiezo por referirme a Thomas Piketty, economista francés que ha generado mucho debate en relación a la desigualdad económica. A manera de ilustración expone que una pareja que tenga diez hijos estaría motivada a dividir su riqueza en el mismo número de porciones (capítulo dos del libro el Capital en el Siglo XXI). Por ello, la influencia de la riqueza heredada se vería disminuida en comparación con una pareja que tenga menos hijos.

Ahora consideremos el hecho de que las mujeres que trabajan tienen menos hijos de los que desean. Para el caso guatemalteco, los datos de la World Values Survey indican que, en promedio, una guatemalteca considera ideal tener tres hijos. Sin embargo, el 60% de las mujeres que trabajan a tiempo completo en Guatemala ha tenido un número menor de hijos del que considera deseable.

Evidentemente, los datos de la encuesta no permiten inferir si esta decisión se debe al hecho de participar en el mercado laboral. Empero, cuando una mujer trabaja, contribuye al ingreso de un hogar y consecuentemente a la acumulación de riqueza que será heredada entre un número menor de hijos del que deseaba. Por otro lado, las mujeres que no trabajan podrían experimentar una situación opuesta. Por ello, la inserción no generalizada de mujeres en el mercado laboral podría acrecentar la desigualdad.

Más allá de cuestionar a las mujeres sobre el número de hijos que quieran tener y sobre la decisión de una mujer de quedarse en casa o salir a trabajar –considerando que estas decisiones son personales y que no pueden clasificarse como incorrectas–, parece justo promover las condiciones para que las mujeres no se vean tan influenciadas por el mundo laboral en su decisión de formar y ampliar su familia.

Es decir, cada día más mujeres se integran al mercado laboral; sin embargo, lo hacen en condiciones más precarias que los hombres. Esto se denota, por ejemplo, por la brecha en el ingreso laboral reflejada en los resultados de la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos: en 2013, por cada Q100 que ganó un hombre en promedio, una mujer obtuvo Q84. Asimismo, hay mujeres que realizan trabajos no remunerados en una proporción mayor que los hombres y así podría continuar enumerando otros indicadores que muestran una situación más desfavorable.

Por lo tanto, las condiciones laborales deben ser más propicias para que las mujeres puedan trabajar mientras preservan la libertad para decidir qué familia quieren tener. De alguna manera, esto podría evitar un crecimiento de la desigualdad económica en el país.

Existen quiénes consideran que la iniquidad (por cierto, no existe la palabra inequidad) no es importante y que sería mejor concentrarse en la abolición de la pobreza pero para ello es necesario generar crecimiento. Entonces, a este respecto, es preciso citar un estudio del Fondo Monetario Internacional que indica que una menor desigualdad neta parece conducir a un crecimiento económico más rápido y más duradero.

Este artículo se publicó en la Revista PERSPECTIVA, disponible en:
http://www.perspectiva.com.gt/implicaciones-de-la-mujer-en-el-mundo-laboral/

lunes, 15 de septiembre de 2014

Dos retos actuales de un consumidor

Mientras lees este artículo, una bombilla en Livermore, California se mantiene encendida desde 1901. Es decir, el 08 de junio de 2014 acaba de cumplir 113 años. Pero, ¿por qué referirse a esta bombilla?

Reto 1: la mejor compra es la deliberada e informada

Un artículo de la BBC de 2012 expone la creencia de que, a raíz de la Gran Crisis Económica de 1929, las bombillas se empezaron a producir con un tiempo de vida más corto. Esto permitiría garantizar la venta de bombillos porque las personas tendrían necesidad de renovarlas con mayor frecuencia. Este fenómeno es conocido como "obsolescencia programada" y se aduce que esta práctica es implementada por empresas como Apple. 

En los productos Apple resaltan tres características que inducen a pensar en que están diseñados para durar menos tiempo de su potencial: 1) las baterías están integradas al telefóno; es decir, si esta deja de funcionar, la única alternativa es comprar un teléfono nuevo; 2) los sistemas operativos se actualizan de manera constante y no no son compatibles con los modelos más antiguos, motivando al consumidor a comprar un teléfono más reciente; 3) en cada lanzamiento, Apple mejora considerablemente algunos componentes, como la cámara, pero se cree que estos ya se hubieran podido implementar en modelos anteriores.

Existen varios expertos que aducen que una empresa como Apple no podrían estar ejecutando esta práctica porque desgastaría su prestigio. Sin embargo, no hay nada mejor que una consumidor informada para realizar sus compras. Si una persona opta por comprar estos productos, debe conocer sus ventajas y desventajas. La mejor compra es aquella que se hace deliberadamente y para ello es necesario estar informado.

Por su naturaleza, las empresas buscan generar ganancias. Por eso, constantemente estudian el comportamiento del consumidor para diseñar sus estrategias de venta y productos. No obstante, los consumidores no siempre se informan con la misma frecuencia para decidir a qué empresa favorecer con la compra de un producto y cómo sacar el mejor provecho de este.

Reto 2: compra y uso responsables con el ambiente

Cada vez se conocen más implicaciones ambientales de los patrones de consumo actuales. Los fotoreportajes en ciudades como Guiyu en China o las cercanías de Accra en Ghana demuestran el consumismo de la sociedad actual.

Por esa razón, algunos consumidores preocupados por el medio ambiente, demandan productos eco-amigables. Sin embargo, el reto del consumidor para ser responsable con su consumo no termina en la compra de un producto con certificaciones ambientales. 

En realidad, esto puede conducir a un error. Por ejemplo, si se compra una lavadora  energéticamente más eficiente, inconcientemente una persona está propensa a lavar más cargas de ropa, generando así un aumento del consumo total de energía.

Otro ejemplo se refiere a la compra de un carro que permita recorrer más kilómetros con la misma cantidad de gasolina porque, con lo que se ahorra, se puede comprar más gasolina de la inicialmente necesaria. Entonces, es una ilusión monetaria más que un ahorro energético.

Es decir, el reto como consumidores no sólo se reduce a qué producto elegir, sino a cómo usarlo y desecharlo.

Este artículo se publicó en la Revista Iniciativa Mujer, disponible en: http://issuu.com/revistainiciativamujer/docs/revista_iniciativa_mujer_-_cuarta_e/0